Las Iglesias y la Libertad Religiosa ante la Corte IDH

Un profundo análisis del caso Pavez vs Chile se realizó en un nuevo evento en línea organizado por ADF Internacional. En esta oportunidad, la conversación estuvo dirigida por el Director de Área para Latinoamérica y el Caribe de ADF Internacional, Tomás Henríquez, quien revisó el caso desde sus orígenes junto al Obispo de San Bernardo, Monseñor Juan Ignacio González, quien fuera el responsable de tomar la decisión de remover el certificado de idoneidad a la profesora Sandra Pavez en 2007.

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Fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos tendrá consecuencias para la Libertad Religiosa y los Derechos de los Padres

En un nuevo evento en el marco de la campaña #ReligiónLibre de ADF International, se abordó el contexto y las consecuencias del caso Pavez vs Chile, y expusieron el presidente del Consorcio Latinoamericano de Libertad Religiosa, José Antonio Calvi, y el Director de Área para Latinoamérica y el Caribe de ADF International, Tomás Henríquez, quienes abordaron los alcances de este futuro fallo además de reflexionar sobre sus implicancias en materia de jurisprudencia internacional.

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Restricciones a la libertad de religión y culto en pandemia

La pandemia ha sido una catástrofe en todos los rincones del mundo. Los gobiernos han hecho su mejor esfuerzo por mitigar sus efectos, pero no cabe duda de que no todos han sido acertados. Al daño del virus se le ha sumado el inconmensurable perjuicio ocasionado por algunas de las restricciones o prohibiciones, que en múltiples ocasiones han exhibido desproporción, falta de razonabilidad y un trato desigual.

Uno de los derechos más maltratados durante la crisis ha sido indudablemente la libertad de religión y de culto, que no ha recibido un trato acorde a su condición de derecho fundamental, siendo rápidamente sacrificada en el intento de contener el avance del virus. En circunstancias como las que vivimos, este derecho corre con una especie de desventaja estructural y es objeto de incomprensión pues siempre son menos que el total de la población quienes sostienen que la observancia religiosa es esencial en sus vidas y actúan acorde. Lograr que este derecho sea defendido y respetado por todos exige un ejercicio de comprensión del otro, a menudo ausente. El observador suele pensar el problema desde la perspectiva de lo que es esencial para él y no, en cambio, para el que busca ejercerla. La pandemia ha puesto esto de relieve en forma clara.

Incluso antes de que llegara la pandemia, las restricciones a la libertad de religión y culto han llegado a máximos históricos, como revela un reciente estudio del Pew Research Center. En 2018 se registró la mayor proporción de restricciones a la religión en el mundo, desde 2007. En la región Asia-Pacífico se registró la mayor cantidad de casos de uso de la fuerza estatal en contra de comunidades religiosas (aunque por motivos distintos que los de la situación global actual).

En lo que va de la crisis hemos visto con alarma como incluso en las democracias más consolidadas y presuntamente respetuosas de los derechos humanos han incurrido, en los casos más graves, en prohibiciones absolutas del ejercicio de esta libertad, como en Escocia. En otros tantos, las restricciones impuestas han implicado un trato injustamente discriminatorio en perjuicio de la observancia religiosa, como en Alemania, Suiza, Francia o Estados Unidos, por nombrar algunos. Afortunadamente, en todos ellos los tribunales de justicia han reprochado a los gobiernos y exigido ajustar las medidas para dar a la vida religiosa un trato al menos igualitario al tráfico comercial y recordar que las restricciones deben ser estrictamente necesarias.

En Latinoamérica la situación no parece muy distinta. Tras ocho meses de restricciones, el gobierno de Perú autorizó recién en noviembre pasado una reapertura progresiva de las iglesias. En Argentina también se ha dado esta tensión, llegando incluso algunas diócesis, como la de Córdoba, a rebelarse a las medidas impuestas específicamente contra la realización de oficios religiosos, afectando la salud espiritual de las personas.

En Chile también las restricciones han tenido un impacto desproporcionado en la vida religiosa, en especial con los encierros de fin de semana y las severas limitaciones de aforos que no consideran las posibilidades reales de mantener distanciamiento. Ahí han sido los fieles quienes se han organizado para recurrir a tribunales, encontrándose con una actitud extremadamente deferente al actuar gubernamental y la negativa de revisar la juridicidad de las medidas. La situación más lamentable se produjo para la Navidad, en que los tribunales que admitieron a trámite las reclamaciones obviaron su carácter urgente y las tramitaron con plazos tan extensos que para cuando el gobierno había respondido, la Navidad ya había pasado y el daño ya estaba consumado. Una exquisita ironía, considerando que al inicio de la pandemia una de las juezas de la Corte Suprema de este país calmaba a los ciudadanos a través de un medio de comunicación garantizándoles que “ninguno de sus derechos se pueden ver mancillados y que acá estamos los tribunales trabajando…los ciudadanos están resguardados, incluso en medio de esta pandemia”. La realidad ha sido otra.

La creación en tiempo récord de las vacunas contra el Covid-19 nos genera la expectativa de que la pandemia llegará a su fin más temprano que tarde. Pero hasta entonces, las restricciones seguirán y la pelea por hacer respetar la dignidad humana de los creyentes seguirá. En lo que a los cristianos respecta, se avecina la Semana Santa, culminando con la Pascua de Resurrección, el día más importante del año. Habrá nuevos intentos por exigir a los gobiernos respetar la libertad de religión y la no discriminación de los fieles. Es de esperar que, al menos esta vez, los tribunales no arrastren los pies.

Adolescentes ganan la batalla legal para asistir a la escuela en Vietnam

  • El gobierno renuncia al requisito de la tarjeta de identidad para tres adolescentes cristianos hmong que solicitan la admisión en la escuela secundaria
  • La persecución de los cristianos hmong en Vietnam es sistemática y continua

VIETNAM/WASHINGTON DC (16 de diciembre de 2020) – Tres adolescentes cristianos en Vietnam han recibido permiso para asistir a la escuela secundaria después de que el gobierno renunciara a la exigencia de documentos de identidad. Son miembros de la comunidad Hmong, una minoría étnica cristiana, a quienes se les niegan los documentos básicos de identidad debido a su religión. Sin los documentos adecuados, la mayoría de los niños hmong no pueden matricularse en la escuela, tener acceso a la atención médica o disfrutar de muchos de los derechos y servicios básicos que se ofrecen a otros ciudadanos. Con la ayuda de Boat People SOS y ADF International, Giàng, Lý y Sùng pudieron obtener el permiso de las autoridades para matricularse en las escuelas secundarias de la provincia de Lam Dong a pesar de seguir siendo funcionalmente apátridas.

“Nadie debe ser perseguido por su fe. En medio de la continua persecución sistemática de los cristianos hmong y montagnard en Vietnam, este reciente avance es una extraordinaria victoria. El hecho de que estos tres jóvenes miembros de la comunidad Hmong puedan asistir a la escuela secundaria es un paso significativo en la dirección correcta y podría proporcionar un modelo para muchos otros. Es el resultado de los continuos esfuerzos que deben continuar hasta que los cristianos hmong y montagnard sean reconocidos oficialmente como ciudadanos. El gobierno de Vietnam ha dejado a miles de cristianos en el país funcionalmente apátridas simplemente por su religión. Para muchos, el único medio de escapar de la persecución es huir a zonas deshabitadas, exponiéndose a condiciones de vida peligrosas. Esta forma de persecución es una grave violación de la libertad religiosa e instamos al gobierno vietnamita y a la comunidad internacional a combatirla”, dijo Kelsey Zorzi, directora de defensa de la libertad religiosa mundial de ADF International.

Trabajando por los derechos de los cristianos en Vietnam

Los cristianos montagnard y hmong están amenazados en Vietnam desde los años 60. El gobierno los considera una amenaza a la “seguridad y unidad nacional” y se les niegan los derechos básicos de los ciudadanos. Se les coacciona, se les encarcela y a veces incluso se les tortura para obligarles a renunciar a su fe y convertirse a denominaciones controladas por el gobierno. Las autoridades locales les niegan los documentos de registro, restringiéndoles la posibilidad de solicitar tarjetas de identificación de ciudadanía, poseer propiedades, obtener un empleo legal, abrir una cuenta bancaria o recibir servicios públicos, convirtiéndoles en apátridas funcionales en su propio país. Algunos huyen a zonas deshabitadas del país donde viven en condiciones peligrosas e insalubres, mientras que otros solicitan asilo en el extranjero.

“Es alentador ver una mejora en la situación de la minoría cristiana hmong en Vietnam. No obstante, el país sigue sin respetar los derechos de las minorías religiosas y las normas internacionales sobre la libertad religiosa o de creencias. Como parte en una serie de tratados de derechos humanos, Vietnam debería hacer más para proteger los derechos de los grupos más vulnerables del país”, dijo Paul Coleman, director ejecutivo de ADF International.